Si le hubiesen escuchado; el plan de Mac Arthur de lanzar 30 bombas nucleares sobre Corea del Norte

Publicado: mayo 25, 2010 en ojo con el sordo
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Durante una célebre conferencia de prensa desarrollada el 30 de noviembre, el presidente Harry Truman agitó la amenaza de la bomba atómica 10. Y no era una patraña como se supuso entonces. El mismo día, el general de la fuerza aérea Stratemeyer ordenó al general Hoyt Vandenberg que pusiera en estado de alerta el comando estratégico aéreo “para que esté listo a enviar inmediatamente formaciones de bombarderos equipados de bombas medianas a Extremo Oriente (…) suplemento que (debería) incluir capacidades atómicas”. El general de la fuerza aérea Curtis LeMay recuerda que previamente los JEM habían llegado a la conclusión de que las armas atómicas probablemente no serían utilizadas en Corea, salvo en el marco de una “campaña atómica general contra la China maoísta”. Pero dado que las órdenes cambiaban a raíz de la entrada en guerra de las fuerzas chinas, LeMay deseaba ocuparse de esa tarea: así fue como dijo a Stratemeyer que su cuartel general era el único que contaba con la experiencia, la formación técnica y el “conocimiento íntimo” de los métodos para lanzar la bomba. El hombre que había dirigido el bombardeo incendiario de Tokio en marzo de 1945, estaba dispuesto a encaminarse otra vez hacia Extremo Oriente para dirigir esos ataques

11. Por entonces Washington se preocupaba poco de saber cómo reaccionaría Moscú, pues los estadounidenses poseían al menos 450 bombas nucleares, mientras que los soviéticos sólo contaban con 25.

Poco después, el 9 de diciembre, Mac Arthur hizo saber que deseaba contar con un poder discrecional sobre el uso de armas atómicas en el teatro de operaciones coreano, y el 24 de diciembre presentó una “lista de blancos susceptibles de retardar el avance enemigo”, para los cuales decía necesitar 26 bombas atómicas. Pedía además que otras cuatro bombas fueran lanzadas sobre las “fuerzas de invasión” y cuatro más sobre las “concentraciones enemigas cruciales de medios aéreos”.

En entrevistas publicadas luego de su muerte, MacArthur afirmaba tener un plan para ganar la guerra en diez días: “Yo hubiera lanzado unas treinta bombas atómicas (…) concentrando el ataque a lo largo de la frontera con Manchuria”. Luego habría llevado 500.000 soldados de China Nacionalista al Yalu, y “desparramado detrás de nosotros, desde el Mar de Japón hasta el Mar Amarillo, una línea de cobalto radioactivo (…) cuya duración de vida activa es de entre 60 y 120 años. Durante al menos 60 años no hubiera podido haber ninguna invasión terrestre de Corea del Norte”. MacArthur estaba seguro que los rusos no hubieran reaccionado ante esa estrategia extrema: “Mi plan era seguro” 12.

La radioactividad del cobalto 60 es 320 veces superior a la del radio. Según el historiador Carroll Quigley, una bomba H de 400 toneladas de cobalto podría destruir totalmente la vida animal sobre la Tierra. Las declaraciones belicistas de MacArthur parecen increíbles, aunque no era el único en pensar de esa manera. Antes de la ofensiva chino-coreana, un comité dependiente de los JEM había declarado que las bombas atómicas podrían resultar el “factor decisivo” para detener el avance chino en Corea. Al principio se estudiaba su eventual utilización como “un cordón sanitario (que podía ser) establecido por la ONU siguiendo una franja de terreno en Manchuria, inmediatamente al norte de la frontera coreana”. Pocos meses después, el diputado Albert Gore (el padre de Al Gore, candidato demócrata a la presidencia, derrotado en 2000, que posteriormente se opondría a la guerra en Vietnam) lamentaba que “Corea sea una picadora de carne para las tropas estadounidenses”, a la vez que sugería terminar con la guerra por medio “de algún cataclismo”, es decir, un cinturón radioactivo que dividiría la península coreana en dos de manera definitiva. A pesar de que el general Ridgeway no habló de bomba de cobalto, luego de suceder a MacArthur en el puesto de comandante estadounidense en Corea, en mayo de 1951, reiteró infructuosamente el pedido hecho por su predecesor el 24 de diciembre, reclamando esta vez 38 bombas atómicas 13.

A comienzos de abril de 1951 Estados Unidos estuvo a punto de utilizar sus armas atómicas, precisamente en momentos en que Truman destituía a MacArthur. Aunque las informaciones sobre ese acontecimiento están aún en gran medida catalogadas como secretas, resulta claro que la decisión de Truman no obedecía únicamente a las reiteradas insubordinaciones de Mac Arthur, sino a que deseaba contar con un comandante fiable en Corea, por si acaso Washington decidía recurrir a las armas atómicas. Dicho de otra manera, Truman se deshizo de MacArthur para dejar la puerta abierta a su política en materia de armas atómicas. El 10 de marzo de 1951, luego de que los chinos concentraron nuevas fuerzas junto a la frontera coreana y que los soviéticos estacionaron 200 bombarderos en las bases de Manchuria (desde donde podían atacar no sólo objetivos en Corea, sino también las bases estadounidenses en Japón) 14, Mac Arthur reclamó una “fuerza atómica del tipo de la del Día D” para poder conservar la superioridad aérea en el teatro de operaciones coreano. El 14 de marzo, el general Vanderberg escribió: “Finletter y Lovett alertados sobre las conversaciones atómicas. Creo que todo está listo”. A fin de marzo, Stratemeyer informó que las fosas de carga de bombas atómicas de la base aérea de Kadena, en Okinawa, eran de nuevo operativas. Las bombas habían sido llevadas allí en piezas separadas, y armadas en la base. Lo único que faltaba era instalar el núcleo atómico. El 5 de abril, los JEM ordenaron lanzar inmediatamente represalias atómicas contra las bases manchúes si nuevos contingentes de soldados chinos se sumaban a los combates, o si desde esa zona se desplegaban bombarderos contra las posiciones estadounidenses. El mismo día, Gordon Dean, presidente de la Comisión de Energía Atómica, adoptó las disposiciones para enviar nueve cabezas nucleares Mark IV al noveno grupo de bombarderos de la fuerza aérea, que tenía a su cargo el transporte de las bombas atómicas (…).

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