Los cuentitos escolinos que nos contaron a los bolivianos sobre la Guerra del Pacífico Sur

Publicado: enero 14, 2008 en Sin categoría
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Foto: Soldado del regimiento Colorados de Bolivia

Guerra en el Pacífico Sur

 

Leí con mucho deleite el libro de Theodorus Mason (agregado militar estadounidense naval en Chile) sobre la Guerra del Pacífico. Aunque no se refiere mucho a Bolivia, pues en esa época el único barco que teníamos era del tamaño de mi bañera. Fue muy bueno leer a un autor neutral relatar las batallas desde un punto de vista militar, sin la influencia romanticona y la paja con la que la hacen los historiadores. Y si son nacionales es mucho, mucho peor porque la objetividad se pierde en un montón de lamentos y de inventos consoladores. Busqué algo sobre el famoso Juancito Pinto (famoso por el bono – compra votos del MAS) y como ya supuse el niño este nunca existió, en todo caso como el bono esta leyenda es una mamada. Indro Montanelli (el gran historiador italiano) dice que “los países que pierden guerras inventan héroes”.

A parte de Eduardo Avaroa que era un grandísimo oligarca que con todo derecho defendió sus intereses, los demás héroes son una verdadera huevada, como Genoveva Ríos dizque se metió una bandera boliviana para salvarla de los rotos y el corneta Mamani que me parece la historia más cojuda e inconsistente de todas. Estoy seguro que los verdaderos héroes fueron esos soldados desconocidos que pésimamente armados, alimentados y tratados, se portaron bravamente (hasta conmueve) y estuvieron a punto de masacrar a un regimiento de élite chileno.
Como no podía faltar los militares de carrera ( como lo indica Mason) Daza, Campero y otros hijoputas, estuvieron más ocupados dando golpes de estado que concentrados en la guerra. Increíblemente la historia se repitió en el Chaco, los milicos en`plena guerra se les ilumina el cerebruto y logran el mejor cerco militar, solamente que no fue a los paraguayos sino al propio presidente constitucional de Bolivia, resultado: volvimos a perder otra guerra. así que no vengan con ese cuentito cretino de que perdimos la guerra por estar festejando el carnaval, perdimos la guerra por la pobreza de Bolivia, la incapacidad infinita de los militares y la ineptitud de los gobernantes que !Oh! coincidencia eran los mismos militares ineptos.


I

En Bolivia se creó un reclutamiento en masa, que junto con una amnistía general para los opositores al régimen atrajo gran número de hombres bajo banderas. Los reclutas eran excelentes, pero no había oficiales ni jefes que pudieran entrenarlos, dirigirlos, y cómo convertirlos en un ejército eficiente. Eran en su mayoría indios que mostraban resistencia y valor a toda prueba sumisos e incansables en las marchas. Acostumbrados a largos viajes, llevando pesadas cargas sólo mantenidos con hojas de coca durante muchos días, estaban naturalmente dotados para ésta clase de trabajos en la guerra moderna el adiestramiento sólo puede ser dirigido por instructores bien preparados, y éstos faltaban. Para armar estas tropas en impuso un préstamo forzoso que no fue completado. Y así salieron con el general Daza varios millares de indios bolivianos mal uniformados, si es que uniforme tenían,con ojotas o descalzos, armados con armas de fuego de todos los calibres y todos los períodos históricos menos el presente, sin abastecimientos, transportes ni servicios médicos a unirse a los peruanos en Tacna

II

El 26 de marzo de 1879, el general Daza publicó un decreto ofreciendo patente de corsario a quien atacara el comercio chileno y apoyo a quién se apoderara de mercancías chilenas bajo cualquier bandera este llamado no obtuvo respuesta, a pesar de que se enviaron agentes al extranjero. La mayoría de los gobiernos neutrales se opusieron.

Después de llegar (los chilenos) a Arica. El general Buendía y el coronel Suarez, jefe de estado mayor, fueron arrestados a su llegada. El general Campero que debía haber estado, con su división en la línea del Loa fue visto en La Paz en esos días.

El 12 de marzo el coronel Silva, comandante boliviano en Viacha se rebeló con sus tropas contra el gobierno de Campero. La insurrección fue sofocada, pero no sin provocar una decisiva tardanza en la marcha de los batallones que debían reforzar a Gamarra en Moquegua. El coronel Camacho, jefe de los bolivianos, acusó enérgicamente a Silva de ser el causante de la situación en la que se había sumido el ejército aliado.
Mientras se mantenía el bloqueo del Callao, 4 divisiones chilenas avanzaban hacia Tacna. Tan pronto como el primer cuerpo llegó a Sama, la base de aprovisionamiento se traslado desde Ite situada una pequeña caleta a 24 millas y unida al pueblo por buenos caminos. Llegaron refuerzos de Pisagua y los heridos y enfermos fueron enviados al sur. El general campero, una vez que hubo sofocado la revuelta de Viacha se reunió con Montero con una fuerza de 2000 ó 3000 hombres. Existía la posibilidad de que les socorriese el general Bengolea, que estaba cerca de Arequipa con su gente bien equipada gracias a la carga del Oroya. El ejército aliado de Tacna sumaba 14.000 hombres de todas las armas al mando de campero. El almirante montero mandaba la derecha formada por peruanos y el general Camacho la izquierda por los bolivianos. El ejército chileno al mando de Baquedano contaba con efectivos iguales en número. Los aliados se habían apostado a la derecha de la cresta y en la falda de los cerros al noroeste de Tacna, paralelos al valle que dominaban una inmensa planicie de arena, muy fortificada, por la cual debían avanzar los chilenos. El extremo izquierdo, ocupado por los aliados, terminaba en un declive pronunciado que se consideraba inaccesible. La derecha hacía un rodeo hacia la ciudad y estaba fuertemente defendida por la artillería. En la línea de avanzada se habían cavado trincheras para los fusileros a 1.050 yardas de la línea fuerte en una longitud de 4 ½ millas. Hacia la derecha esta línea hacía un saliente que la conectaba con un fuerte situado en una altura inexpugnable por el frente, pero accesible por atrás. Estaba protegido por un reducto de sacos de arena que constituía la primera línea de defensa. La segunda línea de trincheras se encontraba en la cresta del cerro quebrada y escalonada hacia atrás y hacia la derecha. La artillería se había distribuido a lo largo de toda la línea y las baterías ligeras cubrían las trincheras con fusileros. La caballería boliviana, por razones desconocidas, se había situado a la extrema izquierda de la cadena de cerros donde no podía entrar en acción y la peruana cubría la extrema derecha.

El 26 de mayo a las 9 y 50 la artillería chilena, que había tomado posiciones a 3.500 y 4.000 yardas de la línea aliada, abrió fuego. La primera y segunda división, que se encontraba a 4 millas de distancia, recibió órdenes de avanzar contra la línea aliada. Esto se llevó a cabo en columnas dobles por compañías, la primera división protegida por el regimiento Valparaíso que avanzó en guerrillas y la segunda precedida por una compañía de cada batallón en línea de fusileros. A las 11 y 10 la primera división había llegado a tiro de rifle y se desplegó en línea de combate: el Navales a extrema derecha; el Valparaíso, el Esmeralda y el Chillán en la reserva. Poco después llegó el turno a la segunda división. El Segundo de Línea enlazó con el Esmeralda y el Santiago, y en la extrema izquierda con el Atacama. A las 11 y 21 las avanzadas llegaron al píe del cerro. El ala derecha estaba tan sólo a 400 yardas de la izquierda boliviana y el Atacama a mil de la derecha peruana. Sólo entonces los aliados abrieron fuego. Fue éste un grave error táctico especialmente cuando los chilenos marchaban en formaciones cerradas y quedó demostrado al comprobarse que el Atacama había perdido la cuarta parte de sus hombres cuando se hallaba entre las 1000 y las 600 yardas.

La primera división chilena cargó a la carrera contra la primera línea de defensas bolivianas. El Navales, haciendo un giro a la izquierda, abrió un fuego de enfilada, que unido al ataque frontal del resto de los batallones motivó una desordenada retirada en que quedó la artillería abandonada. El segundo de Línea comenzó el ataque a 600 yardas y avanzó hasta quedar a sólo 80 de las trincheras de los fusileros, momento en que el teniente coronel Del Canto ordenó una carga a la bayoneta y obligó a las avanzadas peruanas replegarse en sus trincheras. El Santiago y el Atacama iniciaron un rápido movimiento hacia el frente pero se les opuso un fuego mortífero desde el reducto y tuvieron que detenerse. Mientras tanto Montero había movilizado sus reservas y reunido todas sus fuerzas contra los 4.000 chilenos que lo atacaban. La tercera y cuarta división, que por un error venían retrasadas, no pudieron reforzar la línea de combate en esos críticos momentos y el regimiento Esmeralda empezó a dispersarse pues se le estaban acabando las municiones. Afortunadamente para los chilenos, el Segundo de Línea estaba a la izquierda del Esmeralda y el Valparaíso, formado por soldados veteranos, a su derecha. Se mantuvieron en acción durante una hora más y se retiraron en perfecto orden. Los bolivianos lograron cortar y aislar el ala derecha del Navales, que se había adelantado por el flanco, pero el regimiento chileno de granaderos a caballo se lanzó en una audaz carga y rescató a sus compañeros. Los Navales se reorganizaron a retaguardia del Valparaíso y en poco tiempo se reintegraron a su posición en la línea de fuego. Se hizo necesario desplegar al regimiento Atacama en línea de tiradores hacia la izquierda para defenderse del ataque de flanco de los peruanos, ante la imposibilidad de que se mantuvieran en una línea estable. Los chilenos estaban en situación desventajosa cuando a las 12 y 30 la tercera división entró en combate. La infantería de marina fue a la derecha, el regimiento Chacabuco al centro y el Coquimbo a retaguardia del Atacama. El Esmeralda se reorganizó detrás de las líneas y volvió a ocupar su posición y los chilenos pudieron reanudar la ofensiva. La cuarta división llegó al campo de batalla en formación cerrada bajo el intenso fuego de los peruanos, probablemente dirigido a las primeras columnas. El ala izquierda fue cubierta por una batería al mando de Fontecilla formada por los regimientos de zapadores, Cazadores del desierto y Lautaro, desplegados de derecha a izquierda. La división de reserva constituida por el batallón Bulnes y el Primero, Tercero y Cuarto de línea se desplegó detrás del centro pero su intervención no fue necesaria pues a la una de la tarde se produjo un gran avance en toda la línea y la infantería tomó el fuerte. Los aliados se retiraron pasando por Tacna en dirección a los cerros. Los chilenos perdieron en esa batalla 2.000 hombres, en su mayoría de la primera y segunda división del Atacama y el segundo de Línea, que ya había sido seriamente reducido en combates anteriores, perdió la mitad de sus efectivos. Las bajas bolivianas no fueron conocidas, pero se dijo que los Colorados de Daza, un regimiento veterano, fue casi aniquilado. Los peruanos perdieron 1000 hombres muertos y 1500 heridos, en su mayoría de los regimientos Zepita y Carnavaro que enfrentaron al Segundo de Línea. Sólo se tomaron 400 prisioneros. Las ambulancias de la Cruz Roja peruana se comportaron admirablemente, asistiendo tanto a sus propios heridos como a los chilenos del ala izquierda cuando estos fueron obligados a retirarse.

comentarios
  1. Omarlexito dice:

    Mi querido Peru… perdio la guerra por defender a Bolivia.. y ustedes no supieron responder a la ayuda brindad.. cuando estos miserables invaieron Lima.. nos e sabia ya nada de ustedes.

  2. acm1pt dice:

    tu querido peru no entro a la guerra x defender a la guerra pelotudo, o q piensas q esto es gratis, sino fijate de quien eran las provincias de arica e iquique.

  3. […] El ejército boliviano, esta es la parte más deprimente de la historia, por lo menos para todos nosotros los bolivianos. Después de perder una primera guerra contra los chilenos, nuevamente nos vemos enfrentados en la Guerra del Pacífico donde nuevamente perdemos porque la banda de malditos que componían el alto mando del ejército prefieren usar las tropas para dar un golpe de estado. Los peruanos piensan que fue una traición pues las tropas bolivianas brillaron por su ausencia en una de las batallas decisivas. Leer más sobre este tema […]

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