Cuba Attack

Publicado: octubre 13, 2007 en ojo con el sordo
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Foto Percy Herbas)Ahí estoy con Johanna, una bailarina del Tropicana. En el fuerte español.
MC y yo conocimos a un par de periodistas costarricenses que estaban acreditadas al festival de cine de La Habana. Entonces decidimos salir una noche e ir a un hotel (no les digo el nombre porque ya hay muchas cosas gratis en este blog) que fue paradero de los gánsters yanquis. Se presentaba un conjunto de música salsa (no me gusta este tipo de música pero…) en un excelente local, la entrada costaba 30 dólares por persona y una botella de ron en la mesa 125 dólares. Y claro el ingreso a las nativas les estaba prohibida a no ser acompañadas por un extranjero (más adelante vuelvo a este tema) Quiero hacer notar que soy buen boliviano que bulle en mi lo que se denomina “viveza criolla” así que en la plaza (market que ya les conté) compramos 2 botellas del mejor ron cubano a 15 dólares y nos alistamos para meter de contrabando el alcohol pretensioso. Estaba vestido con un saco blaiser y me puse la botella a mi costado derecho, le propuse a la periodista que me abrase por esa ala para poder esconder de los guardias de seguridad el preciado líquido, mismo ejercicio hizo MC. Es necesario hacer notar lo inmensos que eran los guardias negros y la cara de pocos amigos que tenían, pero logramos meter el contrabando, cuando avanzamos 2 pasos un tipo armado con una radio se acercó, pensé que había tenido una mala idea, muy mala idea… Pero me preguntó de dónde éramos, le contesté calmadamente y se fue diciendo que en toda su carrera como seguridad del hotel nunca había visto una combinación boliviano-costarricense.
Pues para qué les digo; pedimos unas latas de coca cola, mientras mezclábamos el potaje bajo la mesa asistí a la mayor bacanal de mi vida. El sitio estaba burbujeando de turistas de todo el mundo la mayoría hombres con acompañantes cubanas hermosas, + un grupo de nativos cubanos que parecían ser ricos o de la “nomenklatura comunista”, comenzó la música y las bellas nativas se subieron sobre las mesas y bailaban como el fuego de un soplete a plasma. Conocí a una hermosa cubana que se llamaba Mariana y que más bien era modosita, salimos de la” fiesta” al amanecer y ahí al frente charlamos en el malecón mientras el sol se alzaba sobre el Mar Caribe, no sé por qué me pregunté en qué dirección estaba el lago Titicaca. Soy boliviano (país sin salidas a la mar océano) nacido en La Paz, a mis 6 años conocí las aguas del Lago Titicaca, el lago navegable más alto del mundo, me encantó realmente; luego a mis 10 vi por primera vez el mar, no me pareció la gran cosa.
Estaba encantado con Cuba y con la hermosura de su gente, mi corto-metraje salió a pedir de boca, pero estaba alojado en un hotel carísimo y mi economía pronto iba a colapsar. Pero aquí entró el milagro del comunismo o mejor dicho el milagro del individualismo “corrupto”. Uno de los técnicos de la crew me contó que podía alquilarme una pequeña casa con vista al mar por 20 dólares con todos los servicios y que si quería comer bien podría ir a los restaurantes camuflados, o sea comederos que funcionan en una casa normal y corriente sólo que tienen el refrigerador lleno de exquisiteces del mercado negro o del partido comunista que viene a ser lo mismo. Las familias cubanas viven con raciones y cartillas que erizan el pelo hasta a los calvos; 6 huevos mensuales por familia.
Pues bien pensé quedarme en Cuba una semana y me anclé 1 mes.

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